Hablar de inclusión financiera femenina en México no es únicamente abordar un tema de equidad; es reconocer una condición indispensable para el desarrollo económico del país.
Partiendo de lo anterior, debe entenderse que, cuando las mujeres acceden a herramientas financieras formales, no solo fortalecen su autonomía económica, sino que también mejoran la estabilidad financiera de sus hogares y comunidades.
Las cifras muestran avances, pero también desafíos; por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, el 72.8% de las mujeres en México cuenta con al menos un producto financiero formal —como una cuenta de ahorro, crédito o seguro—, mientras que entre los hombres la proporción alcanza el 80.9%.
Esa brecha evidencia que todavía existen barreras estructurales que limitan el acceso y uso de servicios financieros por parte de las mujeres.
Además, dichas limitaciones están relacionadas con diversos factores como menor nivel de ingresos, mayor presencia en la economía informal y una carga desproporcionada de tareas de cuidado no remuneradas.
Todo ello reduce sus oportunidades de interacción con el sistema financiero formal y, en muchos casos, las lleva a recurrir a mecanismos informales de ahorro o crédito.
Trabajo simultaneo en varios frentes
Primero, diseñar productos financieros con perspectiva de género. Muchas mujeres tienen ingresos variables o combinan actividades productivas con responsabilidades familiares. Por ello, los productos financieros deben ser flexibles, accesibles y adaptados a estas realidades.
Segundo, fortalecer la educación financiera. La información es poder; de modo que, cuando las mujeres comprenden cómo funcionan instrumentos como cuentas de ahorro, seguros o créditos, adquieren mayor capacidad para tomar decisiones informadas y planificar su futuro económico.
Tercero, aprovechar la digitalización. Las plataformas financieras digitales han abierto una oportunidad sin precedentes para ampliar el acceso. En México, el uso de banca móvil ha crecido de forma significativa en los últimos años, facilitando que más personas gestionen sus recursos desde dispositivos móviles.
Cuarto, impulsar políticas públicas y alianzas multisectoriales. Gobiernos, instituciones financieras, Fintech y organizaciones sociales deben colaborar para eliminar las barreras que aún enfrentan millones de mujeres.
No debemos olvidar que las mujeres desempeñan un papel central en la economía familiar y nacional; de ahí que, diversos estudios han señalado que una mayor inclusión financiera femenina fortalece la capacidad de ahorro, mejora la administración de los ingresos y genera mayor resiliencia económica en los hogares.
En ese sentido, promover el acceso de las mujeres al sistema financiero no es solo una causa social justa; es también una estrategia inteligente para impulsar el crecimiento económico y construir sociedades más equitativas y prósperas.
En conclusión, sí se logra cerrar la brecha financiera de género, México no solo avanzará en inclusión, sino también en desarrollo sostenible.